Top 5 Woody Allen: 5ª – Crímenes y pecados (1989) | Fancinema
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Top 5 Woody Allen: 5ª – Crímenes y pecados (1989)


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LA COMEDIA ES TRAGEDIA MAS TIEMPO

Por Guillermo Colantonio

(@guillermocola)

Varias películas de Allen han trabajado sobre un continuo desplazamiento entre tragedia y comedia, films que pueden leerse en clave de divertimento, como sátira sociológica de una época, pero que en el fondo condensan un espíritu trágico.

En Crímenes y pecados (1989) -obra maestra-, de las dos líneas narrativas que entreteje, la cómica versa sobre un director de cine cuyo cuñado, egocéntrico e insoportable, le pide sus servicios para que ruede un documental. El otro nivel discurre en paralelo y contiene una oscura trama: un hombre que está dispuesto a matar para ocultar sus secretos y preservar su posición en la vida. Ambas atraviesan cuestiones vinculadas con el amor y quedan implicadas en un asunto de alto contenido moral.

Allen reescribe a Dostoievski, pero reemplaza el tormento de Raskolnikov por un conocido cirujano ocular llamado Judah. Este tiene una estructura familiar armada y una amante, Dolores, que se impacienta porque no cumple lo que durante tiempo ha prometido: divorciarse de su esposa y casarse con ella. A medida que las amenazas ganan intensidad, habrá que tomar una decisión.

En algún momento Dolores pronuncia el tópico de que los ojos son el espejo del alma, frase que Judah (nada menos que oftalmólogo) ignora, puesto que su visión es netamente materialista, pero cuando la ve muerta con sus ojos abiertos, la escena le provoca un profundo vacío y por supuesto su conciencia empieza a chillar.

No obstante (y aquí está el punto de la película) el tiempo y la suerte están de su lado. En un mundo gobernado por el azar, resulta perfectamente posible salir impune tras cometer un asesinato; a medida que nuestra vida avanza, el significado de las buenas intenciones es tan dudoso y escaso como el de las malas.

La historia de Judah es una forma de demostrar que Dios no existe, que estamos solos en el universo, y que no hay nadie para castigar ya que la moralidad es asunto de cada uno. Si se está a dispuesto a matar se puede asumir, controlar, y hay quien lo lleva bien, quien puede vivir con ello. De manera tal que ningún Dios va a descender súbitamente desde las alturas para mandarnos al infierno o atravesarnos con un rayo. Judah prefiere seguir adelante con su plan y vivir con esa carga, de modo que comete el crimen y decide aguantar hasta que el recuerdo se desvanezca. Si no podemos tener certeza de nada y la certidumbre es un imposible, aprender a vivir con los pecados es la solución para quien sea capaz de sobrellevarla. Dios no existe y la justicia tampoco. Sólo resta tener suerte. Dentro del ideario filosófico de Allen, la suerte ocupa un lugar de privilegio. Se trata de una idea subversiva en un país que sobrevalora el esfuerzo. Es el elemento crucial en la vida sin el que nada parece poder conseguirse. Y del tormento momentáneo a la recuperación del equilibrio que funciona como máscara social de nuestros peores actos, sólo hay tiempo. Es el tiempo en que se pasa de la tragedia a la comedia.